
PARÍS, 21 de octubre - Wilkinson tuvo el lujo de dar el free kick que abrió la final en el Stade de France pero después de 80 minutos los festejos quedaron del lado de los Springboks. La final de la RWC 2007 fue un partido electrizante, de altísimo nivel, con una dinámica inesperada y si algún analista esperaba un juego cerrado y egoísta, se equivocó. No hubo tries pero cinco penales acertados por Sudáfrica y dos del lado de Inglaterra le pusieron los números al marcador final de 15 a 6.
En todo momento el pack inglés fue combativo en defensa, y en cada ataque incisivo como ante Australia y Francia en los partidos anteriores. Buscaron ganar su batalla personal frente a los ocho Springboks de acero y en ese rubro hubo un equilibrio total, aunque las mínimas penalidades del XV de la Rosa le dejaron posibilidades al pie de Montgomery que marcó cuatro penales.
Por el lado del empuje y la coordinación del scrum de Phil Vickery y los suyos, Sudáfrica le respondió con más técnica y logró girarlos en varias ocasiones. Aunque en el balance de esta RWC 2007, Inglaterra mostró una potencia y un control en esa formación fija que fue su marca registrada. A diferencia, en el line hubo pelotas desperdiciadas por los de blanco y los Boks no dejaron errores en ese rubro.
Tackles y presión
El juego estratégico con el pie fue clave y quedó claro que el plan de poner siempre la pelota en el campo rival es además de efectivo, el único modo de supervivencia. Así lo entendieron los aperturas y los fullbacks de ambos equipos que funcionaron como válvula de escape ante la presión. Además de ellos, se sumaron los medio scrums Gomarsall y du Preez, que activaron el peligro con sus temibles patadas al cajón.
Durante los primeros 20 minutos del segundo tiempo, Inglaterra tuvo las ideas y la iniciativa pero no llegó a reflejar esa superioridad en el marcador. Entonces la receta de presión y tackle contudente de los Springboks se repitió. En el centro de la cancha no todos los pasos quedaron cerrados: la excepción fue una escapada de Francois Steyn en el primer tiempo y la obra maestra del engaño de Mathew Tait que casi termina en try.
Sudáfrica manejó la tensión del partido con la misma maestría que en 1995. El juego de ajedrez de los dirigidos de Jake White consistió en defender sin penales, aprovechar los errores del adversario y marcar en cada oportunidad. Inglaterra a pesar de tener más posesión de pelota y más presencia en el campo adversario, no tuvo ese extra de adrenalina para subir al podio. Y finalmente la Copa Webb Ellis quedó en manos del capitán John Smit.
RNS dgr/jgg









